miércoles, 5 de marzo de 2008

Laura P. Nº1

Se que algunas de estas cosas habrán de sonarte un poco suicidas, Laura y, de alguna manera, todo intento de alejarme de ti lo ha sido. Sin embargo, no debes sentirte responsable por el destino de mi cuerpo o mi alma.

La madrugada del doce Esteban habría estado terminando el testamento en que te dejaba dos botellas de bismutol y una colección de imanes de refrigerador de deliverys; ambos sabemos que tenia un sentido del humor algo retorcido: te daba todo lo que le quedaba para acusarte por lo poco que le dejaste. Sabemos que inmediatamente después se pego un tiro en la cocina. El arma, a pesar de no figurar en el trozo de papel ensangrentado que era su testamento, también era tuya, Laura. Yo fui personalmente a investigar la escena del crimen y la reconocí inmediatamente como aquella con la que me amenazaste la noche que intente violarte en tu camarín. Tú pensaste que lo amabas, y por ello siempre creíste que yo estaba celoso de él; yo, en cambio, no sentí nunca celos por nadie: podías amar a quien te plazca pero a mí me necesitabas. Cuando tome el arma para chantajearte lo hice tan solo porque me figure que ese tipo de vulgaridades serian necesarias para que entendieses. Pero siempre me has necesitado, y siempre lo harás.

Esteban, antes de ser un sodomita improvisado, era un héroe en la fuerza, por eso los muchachos hicieron de la vista gorda cuando tome el arma y el papelucho donde con mucho esfuerzo podía leerse tu nombre. Tú puedes haberme imaginado aliviado de haberme librado de él, pero en la fuerza nadie dudaría que le quise como a un hermano. Lo que pasa es que eres una egocéntrica y hasta cierto punto te halaga que un hombre pueda complacerse de la muerte de alguien que te pretendía. Esteban no debió morir por un maricón desgraciado como tú; tus lágrimas no pueden limpiarle ni puede ser pleno en tu recuerdo. No puedes más que arruinar lo que es más bello de la juventud: Esteban estaba perdidamente enamorado de una muchacha que, desafortunadamente, tenia pene. Tu deformidad es el lastre de una historia que por lo demás habría sido perfecta en su romanticismo. Por ti, Laura, para los que lo querían Esteban no murió como un joven bello sino como un maricón. En cambio yo, desde un principio estuve enamorado de un hombre que se vestía de mujer, yo soy un pervertido y por eso te merezco.

Mientras no supiste que yo tenía el arma y el testamento, te escondiste. Te imagino odiándote a ti misma cuando no tuviste más que estarme agradecida. Esa noche que te lo dije pude haberte roto el culo y hubieras tenido que soportarlo; pero entonces no hubieras dudado de mi y no te me habrías ofrecido, humillada y helándote, por la ventanilla del auto a la semana siguiente. Si soy un bastardo es porque tú también me has humillado y no podríamos reconocernos hasta que las cuentas estén limpias. Entonces no lo entendiste, pero para cuando leas esto, lo harás.

Espero que cuando veas mi sangre nublando tu imagen en el espejo del camarín te des cuenta que este asunto no es más que un orden alternativo al que quisiste para nuestros cadáveres. Cuando le diste el arma a Esteban para que me mate esperabas que mi cuerpo acabase en algún callejón mugriento, desgraciada la memoria de mi servicio; en cambio, si hubieses podido escoger un lugar para los restos de Esteban hubiera sido este, tu lecho. De haberlo encontrado a él como me verás a mi, seguramente hubieras improvisado en una bella escena de desconsuelo con él entre tus brazos mientras gritas al cielo ‘ ¿porque?!’.Un patético esfuerzo de la imaginacion me permite verte llorandome como debes haberle llorado a él. Laura, amor mío, si me odias por haber privado de belleza a tu sufrimiento espero aprecies el obsequio de acabar mi vida con tu arma.

No hay comentarios: