lunes, 21 de abril de 2008

Diez

1

Sábado de marzo, madrugada profunda, una bolsa agujereada es arrojada desde un auto, es golpeada consecutivamente por varios vehículos hasta asentarse al borde de la acera bajo una estación de transporte público.

2

Mientras se aclara el día el mar bosteza, su niebla envuelve al barrio como a un insecto, huele a aliento de reptil, a madriguera de ratas; avanza leve por el laberinto de callejuelas, su ritmo es miserable, rastrero y hermoso como las siluetas que se ocultan con su llegada.

3

Una figura endeble, asustadísima, avanza a saltos en el pavimento, arroja bocanadas de vaho mientras revuelve apresurada bolsones de basura, lleva consigo un costalillo repleto de plásticos y cartones, ocasionalmente algún juguete roto o una prenda desteñida van a parar también a su interior.

4

Gira en la esquina camino a casa, ya casi no puede con el costalillo, piensa en papá Nicanor, en el eco de su carcajada mientras le dice que compre pan y mantequilla, o tal vez queso, como cuando le llevo esa radio vieja que apestaba a orines y que colocó cuidadosamente al lado de su uniforme apolillado en el muro de las fotografías.

5

Patea la bolsa ligeramente, tantea su contenido, ensancha una abertura: son libros, está pesada, la arrastra con la otra mano, aprieta los dientes, comprime el pecho, respira en intervalos, ya falta poco se dice e inclina su cuerpo hacia adelante como si escalara el asfalto, hundiendo los pies con furia, con alegría.

6

El anciano agita los brazos, abulta la cara y su carcajada espanta a los gatos de la cama, se pone de pie picando con el bastón el suelo, da dos pasos, tropieza con la bacinica, se sienta en el banquillo al lado de una mesa tambaleante cubierta de goterones de cera. Ojea las dos bolsas, le pide a Juan que ponga la más grande en el barril del patio, coloca la otra bajo sus piernas, retira uno a uno los libros y los tiende sobre la mesa. Con una mano le revuelve el cabello a Juan y le dice que vaya, que se dé prisa, que hoy comerán café con leche y pan con mantequilla. Juan corre, su cuerpecito bate la puerta, el sonido de sus pasos se pierde de inmediato.

7

El viejo abre los libros, frota con sus dedos el papel, están en buen estado piensa, siente el aroma antiguo que despliegan sus hojas, piensa en las aulas, en el brillo de sus zapatos, en el altavoz anunciando cuarenta vueltas después del desayuno, casi puede sentir el calor clavado en el rostro, los tazones de comida hirviendo, los cigarrillos a escondidas, las luces de burdel, el tiempo.

8

Pega la cabeza hacia la mesa, en la superficie de los libros puede observar claramente diversas marcas, rasguños, mordidas, golpes desde distintos ángulos, se acerca más, le parece distinguir un rostro, un gesto de pavor grabado en la cuerina, mira con detenimiento, una imagen lo arranca de golpe del banquillo, tiembla, posa sus manos contra la mesa, incrusta las uñas en la cera, piensa: no cabe duda, soy yo. Cierra los ojos, un líquido viscoso se le adhiere a la garganta, huele a sangre, oye ladridos, graznidos, martillazos rompiendo el aire, siente el balazo quemándole la pierna, las noches en el pabellón pestilente, los frasquitos de orina, las agujas bajo la piel, el dolor, los gritos ciegos volando entre las camas. Abre los ojos, una máquina de carne lo tritura todo, sus manos, el banquillo, la niebla, la bacinica.

9

El cuerpo del viejo tendido de espaldas, los ojos abiertos, la boca atiborrada de papel, los libros dispersos en el suelo, Juan se sienta sobre la cama, su llanto explota, lanza golpes secos contra un libro, gruñe con furia, refriega sus manos contra su cara, se saca entremezclados moco y lágrimas; abre el libro, cierra los ojos, piensa en dios y sólo ve una ameba brillando esplendorosa en la oscuridad.

10

Domingo de marzo, madrugada profunda, una bolsa agujereada es arrojada desde un puente, es golpeada consecutivamente por varios vehículos hasta asentarse al pie de un poste de alumbrado público.

 

 

domingo, 13 de abril de 2008

Laura P. N° 2

Desde el asiento de copiloto vemos el departamento y nos atrae un gran ventanal sucio en el que parpadea una luz fluorescente como disparos en mute.

Estamos ahora más cerca, la fachada fue alguna vez de falso mármol blanco, ahora es uno más de los dientes amarillentos del centro.

En el lobby: un vigilante mira con indiferencia un monitor diminuto. Primerísimo primer plano de sus gruesas gafas, vemos el reflejo de dos mujeres en un talkshow golpeándose.

Frente a una puerta descascarada. Cuadro negro, el sonido de llaves.

En el cuarto del fluorescente parpadeante: por primera vez vemos al oficial de espaldas a nosotros. No sabemos que mira alrededor con desprecio por la general sensación de desamparo de aquella sala; podemos, en cambio, ver el reflejo intermitente de la luz sobre su calva, la marca de sudor en su ajustada camisa de crema entero.

Primer plano del rostro del oficial, redonda y brillante de grasa, al acercarse a la puerta del dormitorio. 'Esteban, soy yo'. Surge la leyenda '1996'. Le vemos de cuerpo entero ahora, frente a la puerta, de perfil nos encontramos por primera vez con toda la prominencia de su panza envuelta en una camisa distinta -azul marino entero-, se abre la puerta y escuchamos '¿Cómo mierda entraste tu acá?' El oficial entra a la habitación.

En primer plano el oficial de espaldas, su camisa con una pronunciada campana de sudor, en segundo plano un joven escuálido de ojos saltones y serquillo engomado, sentado al borde de la cama, observándole incómodo. ' He usado tu llave, Esteban, dime, ¿cómo has entrado tú?' 'Un amigo me esperaba acá desde la mañana yo le...' 'Le habías dejado quedarse luego de pasar la noche ¿no es así?' Esteban se tira para atrás sonriendo, suspira. Primer plano de su rostro ' Eres un loco de mierda, Merino. Si pues, me lo tire'-descendemos por su cuerpo frágil y triste: la camiseta roja con fragmentos inconexos de mensajes positivos en ingles; el borde de su abdomen con dos o tres vellos; su buzo gris con manchas amarillas; sus pies descalzos, planos, de dedos anormalmente alargados-' ya se va quedando dos veces, me recibe después de la academia y nos ponemos a ver tele hasta la madrugada y después follamos hasta que sea hora de volver a la academia ... Bueh, de igual voy a necesitar que me devuelvas esa llave, se va el fin a Trujillo' ' ¿Has hablado con tu madre últimamente, Esteban?'- volvemos, su cuerpo no ha cambiado pero una vez en su rostro nos sorprende una expresión de terror- ' Le he dicho que has dejado de ir a la academia, va a dejar de enviarte dinero.' Volvemos al oficial de espaldas y a Esteban, recostado sobre la cama de manera que solo vemos sus pies hasta el instante en que salta de golpe y se abalanza sobre el oficial. Forcejean durante unos segundos, luego el oficial le estampa contra la puerta. Primer plano sus rostros, ambos están agitados, el oficial descansa su frente en la de él, se desliza de manera que su perfil esconde el rostro de Esteban que ha dejado de intentar zafarse, le dice al oído ' No te preocupes sobrinito, yo me voy a ocupar de ti, pero tienes que comportarte...

Estamos frente a la puerta descascarada. El oficial sale, por un instante escuchamos a Esteban que le maldice con alaridos llorosos, luego cierra la puerta detrás de sí y desciende, le seguimos durante el primer tramo de escalones pero le dejamos en el primer descanso, por un rato escuchamos aun el rechinar de su mano contra la baranda. Aparece la leyenda ‘2006’ escuchamos carcajadas y luego quejas lujuriosas, de repente aparecen entrelazados los cuerpos de Esteban y Laura. Le ha levantado contra la pared, pero a Laura le ha dado frío el metal de la baranda en el culo y ha saltado como una loca, casi se han desplomado ambos escalera abajo, pero él les ha contenido, la tiene de la cintura en el aire y no le suelta. Sube las escaleras y le seguimos, su cuerpo ha cambiado: lleva un bibidí negro que delinea una espalda ancha, sus hombros, a los que se aferra Laura, se han abultado, al igual que sus piernas que avanzan firmes hacia una puerta cotidianamente barnizada. Con Laura sobre un hombro pataleando entretenida, Esteban tantea en la oscuridad por el cerrojo, finalmente lo encuentra, los amantes pasan pero no les seguimos, la puerta se cierra detrás de ellos. La baranda rechina, el oficial aparece en su camiseta crema, reconocemos la calva y las extremidades fofas, de sus movimientos da la impresión que ha perdido algo de vitalidad, sin embargo encuentra el cerrojo sin problemas.

Cuadro negro ‘Esteban, soy yo’ se abre una puerta. Pan right, El oficial: aun agitado de las escaleras; la pared entre la sala tibiamente iluminada y el cuarto; Esteban: aun agitado por los jugueteos de hace tan solo un instante; el cuarto que ha perdido el poster de Oasis por un espejo y un colgador donde esta su uniforme; Laura: aun más agitada ahora, desnudo entre el oficial sádico, su amante celoso y la pared. ‘¿Cómo has entrado aquí?’ volvemos ‘He usado la llave de Laura’ tan pronto alcanzamos la figura de Esteban este salta sobre el oficial y le tumba inmediatamente, Laura cierra la puerta del cuarto tras los hombres que se revuelcan en la sala. Nos quedamos con ella, escuchando detrás de la puerta, al sonido del forcejeo lo reemplaza un gemido de rabia antigua acompasado por golpes secos contra el parqué. El ruido se detiene, se abre la puerta de las escaleras. Y luego se abre esta puerta, sin embargo, Laura reacciona demasiado lento y Esteban ya le ha tomado por el brazo y los cabellos. Pan left, a través de la sala con Laura tratando de librarse, gritando de dolor y frustración, Esteban impasible le arrastra hasta la puerta del departamento y le lanza junto al cuerpo ensangrentado del oficial, cierra la puerta detrás de sí. ‘El desgraciado arregló esa bendita luz’


para Mario R. por joderme con que escriba esta historia

lunes, 17 de marzo de 2008

Divino Enchoche

Querido lector,
En las últimas semanas habrá notado, seguramente con tristeza o hasta ansiedad, la ausencia de nuestra adivinanza. Pues bien, por más doloroso que nos resulte, comprendemos que merecen una explicación. La adivinanza, estimado lector, se encuentra temporalmente indispuesta por un severo caso de estupro divino. Naturalmente esta noticia resultó perturbadora para nosotros sus colegas. La adivinanza, en cambio, conservó en todo momento un decoro para muchos fastidioso; los escandalizados sugirieron que se publique una demanda formal y una proclama violenta y conmovedora que la gente pudiese firmar con esa vaga sensación de que habría que construir más casas en alguna parte. Estas sugerencias por supuesto fueron ignoradas y los revoltosos fueron intercambiados por queques de arroz en una feria.
Lo cierto es que la adivinanza dejo desde un principio muy claro cómo es que debían contarse los hechos. Debía empezarse, nos dijo, por la tarde de la víspera en que un hombre le dijo al oído ‘¿sabía Ud. que el nombre científico del pato salvaje es Histrionicus histrionicus histrionicus?’ su voz le había resultado viscosa pero agradable como el mango y si bien había deseado encarar al mensajero pasaba entonces la diez que siempre se demora muchísimo y ¡zás! la adivinanza ya estaba alzando el brazo y saltando como una loca al carro que se seguía de largo - uno con los años agarra estos habitos, algo como remedos de leyes más perfectas y bellas, que le pisotean a uno por ejemplo la curiosidad de si los angeles se ven de veras como fantasmas travestidos. En todo caso la anunciación fue tomando durante el viaje una forma irrevocable y tramposa; nos confesó que se había sentido fácil y a la altura del canal dos había decidido sabotear el encuentro. Pero a las ocho estaba en su cama viendo ‘Cabaret’ molesta consigo misma por haber elegido un calzón de los bonitos. No hubiera sido necesario que nos contara lo que sucedió a continuación: los granitos de vidrio que encontramos regados por toda su habitación eran el resultado de una explosión de luz y mirra de la cual había surgido un pato salvaje que de manera menos espectacular se había posado en el vientre de la adivinanza por tres minutos para luego toser un poco, hacer algunas caricias mas compasivas que dulces y partir en cámara lenta entre coros angelicales. Irritada por el asunto de la ventana y aprovechando la lentitud ridícula y solemne con que las divinidades se elevan, la adivinanza tomo de las patas al animal, y le estampo varias veces contra la pared hasta que dejo de moverse. Nosotros le habíamos encontrado en aquel cuarto que vibraba aun por la violencia y el olor a misa, la incomodidad de la incertidumbre se condensaba lentamente en nuestros rostros formando expresiones de pasmo un poco bobas que compartimos sin vergüenza; entonces un ‘¡glin!’ que venía de la cocina nos impulso en las direcciones más extrañas: Mario corrió al baño donde hundió la cabeza en el wáter mientras jalaba la bomba una y otra vez; Gonzalo tomó una almohada y se escondió debajo de un escritorio; Narda se metió en su canasta de la ropa sucia usando un vestido negro con flores rojas que nadie supo bien cuando se puso; yo falle estrepitosamente en el intento de teletransportarme y termine lloriquiando en silencio de cuclillas con los pulgares en la nariz y los índices en los oídos. Por el sonido de la portilla del horno sospechamos que la adivinanza había elegido en su desesperación un escondite mortal ; fue por eso que tan solo lenta y cautelosamente fuimos acercándonos a la mesa del comedor atraídos por el olor embriagador del mejor pato en salsa agridulce que se haya preparado, como muchos canturreamos entre risas en la sobremesa.

jueves, 13 de marzo de 2008

Mi relación con Paula - Final

[Sugiero leer las partes 1 y 2 para refrescar la memoria sobre la trama y que el final sea entendible]

Era mediados de marzo. Paula ya llevaba un par de semanas conmigo y nada, lo cual era especialmente frustrante, porque con el calor del verano ambos íbamos en ropa interior por la casa. Besito por aquí, besito por allá, y cuando la casa se ponía calentona, en una me ponía el parche. No lo entendía del todo, después de la discusión del otro día había asumido que el intercambio sería simple: ella podía quedarse y yo me la tiraba. Pero las cosas no fueron así, después de todo, ella no estaba de acomodada: Paula chambeaba, llevaba plata(aunque nunca movió un dedo en la limpieza) y se tragaba, todas las tardes, medio libro de mi incompleta colección 'Premios Nobel' de "El Comercio", los únicos que pude sacar, por cuestiones de espacio de la casa de mis viejos.

-¿Vas a sacarme alguna vez?- me preguntó un día, asomando soñadores ojos marrones por encima de la tapa dura y azul de 'Crónica de una muerte anunciada'.
-No somos precisamente una pareja normal...
-¡Qué mierda! Nos inventamos algo...

Y así hicimos. Los siguientes días fueron la presentación oficial de Paula a mi mundo. Se la presente a mis amigos de chamba, universidad y colegio; a Paula la conocí en un café, en una clase, por un amigo común, por una prima, por la chamba y, en la más alucinante porque mi taxi atropeyó a su perro que, lastimosamente, no sobrevivió. Vivía en mi casa porque ya íbamos un año y me lo tenía bien guardado, porque sus padres habían muerto en un accidente y ella no soportaba la nostalgia que le daba su hogar, por sencilla conveniencia y porque la habitación donde se hospedaba se cayó con el terremoto del año pasado(menos mal ella estaba comiendo en un chifa). Por lo general, las historias salían espontáneamente, nada preparado, purita improvisación y seguida de corriente, con risitas cómplices y enternecedores abrazos.

A Paula siempre le fue fácil crear esas historias, siempre le fue fácil actuarlas y siempre le fue fácil creérselas. Nunca me perdonó haber matado a su perro(me pidió un cachorro en compensación por mucho tiempo) y de vez en cuando salía al cementerio a rezarle a sus padres(una vez fui con ella, había escogido a un matrimonio recientemente fallecido al que nadie iba a visitar). Solo cambiaba su actuación cuando agregaba algo que entraba en directa contradicción con una historia anterior. Cuando me di cuenta de esto, asumí que sería mi única puerta abierta para el sexo.

Pero claro, no es que solo pensara en sexo... Sinceramente, le había tomado cariño y ella lo sabía perfectamente. Por eso esperé, creo que me enamoré de ella como había predicho y esperaba que soltara de la manera tradicional(dejarse llevar por los toqueteos sensuales sobre la cama y por el alcohol). Así pase varios días, semanas, conocidos, pajeadas, libros(que ella compraba), afeitadas. más mugre, noches sensuales, alcohol, cigarros, abrazos, besos e historias, pero nada. Tenía que tomar cartas en el asunto. Tenía que inventar otra historia.

-Hola-le dije, una noche que salimos a la inauguración de un bar, al volver del baño.
-Hola.
-Me llamo Rubén, ¿y tu?
-Margarita-me dijo, con toda la naturalidad del mundo-¿Te conozco?
-Aún no-respondí, aguantando las lágrimas de tristeza por haber perdido a Paula y las de felicidad por el sexo tanto tiempo aplazado.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Laura P. Nº1

Se que algunas de estas cosas habrán de sonarte un poco suicidas, Laura y, de alguna manera, todo intento de alejarme de ti lo ha sido. Sin embargo, no debes sentirte responsable por el destino de mi cuerpo o mi alma.

La madrugada del doce Esteban habría estado terminando el testamento en que te dejaba dos botellas de bismutol y una colección de imanes de refrigerador de deliverys; ambos sabemos que tenia un sentido del humor algo retorcido: te daba todo lo que le quedaba para acusarte por lo poco que le dejaste. Sabemos que inmediatamente después se pego un tiro en la cocina. El arma, a pesar de no figurar en el trozo de papel ensangrentado que era su testamento, también era tuya, Laura. Yo fui personalmente a investigar la escena del crimen y la reconocí inmediatamente como aquella con la que me amenazaste la noche que intente violarte en tu camarín. Tú pensaste que lo amabas, y por ello siempre creíste que yo estaba celoso de él; yo, en cambio, no sentí nunca celos por nadie: podías amar a quien te plazca pero a mí me necesitabas. Cuando tome el arma para chantajearte lo hice tan solo porque me figure que ese tipo de vulgaridades serian necesarias para que entendieses. Pero siempre me has necesitado, y siempre lo harás.

Esteban, antes de ser un sodomita improvisado, era un héroe en la fuerza, por eso los muchachos hicieron de la vista gorda cuando tome el arma y el papelucho donde con mucho esfuerzo podía leerse tu nombre. Tú puedes haberme imaginado aliviado de haberme librado de él, pero en la fuerza nadie dudaría que le quise como a un hermano. Lo que pasa es que eres una egocéntrica y hasta cierto punto te halaga que un hombre pueda complacerse de la muerte de alguien que te pretendía. Esteban no debió morir por un maricón desgraciado como tú; tus lágrimas no pueden limpiarle ni puede ser pleno en tu recuerdo. No puedes más que arruinar lo que es más bello de la juventud: Esteban estaba perdidamente enamorado de una muchacha que, desafortunadamente, tenia pene. Tu deformidad es el lastre de una historia que por lo demás habría sido perfecta en su romanticismo. Por ti, Laura, para los que lo querían Esteban no murió como un joven bello sino como un maricón. En cambio yo, desde un principio estuve enamorado de un hombre que se vestía de mujer, yo soy un pervertido y por eso te merezco.

Mientras no supiste que yo tenía el arma y el testamento, te escondiste. Te imagino odiándote a ti misma cuando no tuviste más que estarme agradecida. Esa noche que te lo dije pude haberte roto el culo y hubieras tenido que soportarlo; pero entonces no hubieras dudado de mi y no te me habrías ofrecido, humillada y helándote, por la ventanilla del auto a la semana siguiente. Si soy un bastardo es porque tú también me has humillado y no podríamos reconocernos hasta que las cuentas estén limpias. Entonces no lo entendiste, pero para cuando leas esto, lo harás.

Espero que cuando veas mi sangre nublando tu imagen en el espejo del camarín te des cuenta que este asunto no es más que un orden alternativo al que quisiste para nuestros cadáveres. Cuando le diste el arma a Esteban para que me mate esperabas que mi cuerpo acabase en algún callejón mugriento, desgraciada la memoria de mi servicio; en cambio, si hubieses podido escoger un lugar para los restos de Esteban hubiera sido este, tu lecho. De haberlo encontrado a él como me verás a mi, seguramente hubieras improvisado en una bella escena de desconsuelo con él entre tus brazos mientras gritas al cielo ‘ ¿porque?!’.Un patético esfuerzo de la imaginacion me permite verte llorandome como debes haberle llorado a él. Laura, amor mío, si me odias por haber privado de belleza a tu sufrimiento espero aprecies el obsequio de acabar mi vida con tu arma.

martes, 4 de marzo de 2008

El Combinado Tortuga se hace presente


Después de casi tres meses de espera el Combinado Tortuga llega a conglomo... good shit
Y... ahora qué?
escuchen a la banda

jueves, 28 de febrero de 2008

Sura Jalisco

Luego de la filmación se me acercó este camarógrafo anónimo, regordete y cuarentón que olía a leche agria y me dijo ‘Alaska, si nace mujercita te juro que le llamo como tú’ cuando supimos que el depravado estaba convencido de que era una madre soltera no pudimos más que adoptarlo[1]

Mi madre hizo su primera gran aparición como la mascota de la quinceañera sádica favorita de Madrid el 14 de febrero del 82, entonces le vistieron con latex rojo y un vientre de yeso cubierto de esmalte verde fosforescente. En la fauna de la movida le bautizaron como Sura Jalisco. Pocos meses después quedo claro que el nombre le quedaba demasiado grande: mamá opto por las poleras de gatitos y los faldones, por llevar el pelo en moño y redecilla y por presentarse como Federico, el camarógrafo. Quedan muy pocas fotos de ella así, quizás las más conocidas, las que todos ustedes seguramente han visto, son las del incidente en el Rastro con un par de punks que en broma le habían tratado de reventar la pansa. Con el cuchillo y los pelos revueltos se le ve histérica; era comprensible, sin embargo, la pobre estaba sola en esa jungla de fenómenos en vísperas del parto.

Word on the street! Sura Jalisco ha logrado la hazaña de excretar a un niño de nada menos que 3 kilos y medio, totalmente sano y de hecho bastante encantador. El infante llamado Fermín fue rigurosamente analizado por los mejores doctores de la nación horas después de que la clínica Fuensanta recibiese a una Sura con el culo destrozado pero rebosante de alegría. Los círculos intelectuales se arruinaran los sesos con cómo un hombre de 46 años – ¡además menopausica!- pudo tener a la criatura, pero lo que nosotros queremos saber es quién es el padre ¡viciozilla![2]

Durante varios años me pregunte cómo es que este fue el único recorte que mi madre guardo del arrebato nacional por mi nacimiento, sin embargo, hoy le puedo imaginar – en parte por un ejercicio de ternura y en mayor grado por una perturbación heredada- agradecida de que, en medio de los reproches por pecar contra la ciencia, alguien se acordase de mi padre.



[1] Entrevista con Alaska en Madrid me mata Año 1 Nº 17

[2] ‘La infame concepción’ en Masoki Año 1 Nº 22