Don Marcelo hizo una reverencia y un silencioso gesto con la mano a los dos guachimanes. Rostro adusto y más demacrado de lo debido para su edad, camisa limpia pero percudida en el cuello y con botones que parecían a punto de salir disparados por la presión a la altura de la panza, pantalón de vestir color caqui demasiadas veces lavado, zapatos de cuero negros que parecían más viejos que cualquiera de los dos guachimanes y, por un segundo, una mirada de extrañeza al segundo de estos, el mismo que, cuando don Marcelo se sentó en la misma banca de siempre, preguntó a su compañero:
domingo, 12 de octubre de 2008
Larga Espera
Don Marcelo hizo una reverencia y un silencioso gesto con la mano a los dos guachimanes. Rostro adusto y más demacrado de lo debido para su edad, camisa limpia pero percudida en el cuello y con botones que parecían a punto de salir disparados por la presión a la altura de la panza, pantalón de vestir color caqui demasiadas veces lavado, zapatos de cuero negros que parecían más viejos que cualquiera de los dos guachimanes y, por un segundo, una mirada de extrañeza al segundo de estos, el mismo que, cuando don Marcelo se sentó en la misma banca de siempre, preguntó a su compañero:
jueves, 13 de marzo de 2008
Mi relación con Paula - Final
Era mediados de marzo. Paula ya llevaba un par de semanas conmigo y nada, lo cual era especialmente frustrante, porque con el calor del verano ambos íbamos en ropa interior por la casa. Besito por aquí, besito por allá, y cuando la casa se ponía calentona, en una me ponía el parche. No lo entendía del todo, después de la discusión del otro día había asumido que el intercambio sería simple: ella podía quedarse y yo me la tiraba. Pero las cosas no fueron así, después de todo, ella no estaba de acomodada: Paula chambeaba, llevaba plata(aunque nunca movió un dedo en la limpieza) y se tragaba, todas las tardes, medio libro de mi incompleta colección 'Premios Nobel' de "El Comercio", los únicos que pude sacar, por cuestiones de espacio de la casa de mis viejos.
-¿Vas a sacarme alguna vez?- me preguntó un día, asomando soñadores ojos marrones por encima de la tapa dura y azul de 'Crónica de una muerte anunciada'.
-No somos precisamente una pareja normal...
-¡Qué mierda! Nos inventamos algo...
Y así hicimos. Los siguientes días fueron la presentación oficial de Paula a mi mundo. Se la presente a mis amigos de chamba, universidad y colegio; a Paula la conocí en un café, en una clase, por un amigo común, por una prima, por la chamba y, en la más alucinante porque mi taxi atropeyó a su perro que, lastimosamente, no sobrevivió. Vivía en mi casa porque ya íbamos un año y me lo tenía bien guardado, porque sus padres habían muerto en un accidente y ella no soportaba la nostalgia que le daba su hogar, por sencilla conveniencia y porque la habitación donde se hospedaba se cayó con el terremoto del año pasado(menos mal ella estaba comiendo en un chifa). Por lo general, las historias salían espontáneamente, nada preparado, purita improvisación y seguida de corriente, con risitas cómplices y enternecedores abrazos.
A Paula siempre le fue fácil crear esas historias, siempre le fue fácil actuarlas y siempre le fue fácil creérselas. Nunca me perdonó haber matado a su perro(me pidió un cachorro en compensación por mucho tiempo) y de vez en cuando salía al cementerio a rezarle a sus padres(una vez fui con ella, había escogido a un matrimonio recientemente fallecido al que nadie iba a visitar). Solo cambiaba su actuación cuando agregaba algo que entraba en directa contradicción con una historia anterior. Cuando me di cuenta de esto, asumí que sería mi única puerta abierta para el sexo.
Pero claro, no es que solo pensara en sexo... Sinceramente, le había tomado cariño y ella lo sabía perfectamente. Por eso esperé, creo que me enamoré de ella como había predicho y esperaba que soltara de la manera tradicional(dejarse llevar por los toqueteos sensuales sobre la cama y por el alcohol). Así pase varios días, semanas, conocidos, pajeadas, libros(que ella compraba), afeitadas. más mugre, noches sensuales, alcohol, cigarros, abrazos, besos e historias, pero nada. Tenía que tomar cartas en el asunto. Tenía que inventar otra historia.
-Hola-le dije, una noche que salimos a la inauguración de un bar, al volver del baño.
-Hola.
-Me llamo Rubén, ¿y tu?
-Margarita-me dijo, con toda la naturalidad del mundo-¿Te conozco?
-Aún no-respondí, aguantando las lágrimas de tristeza por haber perdido a Paula y las de felicidad por el sexo tanto tiempo aplazado.
miércoles, 13 de febrero de 2008
Mi relación con Paula - Segunda Parte
De regreso, pase frente al puesto donde habíamos sacado la copia de mi llave, aún cerrado, después de todo era temprano para un negocio así. Tenía que ir a la chamba, no podía llegar tarde así que apuré el paso. Es curioso que me haya apurado por eso y no por el temor de encontrar mi casa sin uno solo de mis horribles muebles. Al llegar, algo agitado, la vi sentada a la mesa viendo televisión, me puso una sonrisa de ama de casa que recibe a su hijo, o tal vez a su marido, me invitó a sentarme y tomamos desayuno comentando las noticias.
-¿Vas a quedarte?- le pregunté, aprovechando los comerciales.
-Claro que no, Roberto, tengo que hacer unas diligencias- me respondió, seria pero sin quitar la sonrisa, malinterpretando, tal vez a propósito, mi pregunta-. Además, la casa da un poco de claustrofobia- agregó bromeando.
-¿Dónde vives?- insistí, después de reírme.
-Aquí, contigo.
-Entonces, ¿dónde vivías? no te me hagas la pendeja- agregué, perdiendo un poco la paciencia.
-Tú sabes...- se tomó el pelo lacio y lo enroscaba en su dedo índice, mientras mantenía su mirada fija en mí, estudiándome, midiéndome, sacando su línea, buscando la frase precisa-. Qué obsesión la tuya con mi pasado, hasta has revisado mi denei, y todo por la puras porque esa dirección no es mía hace tiempo.
-¡No puedes esperar que te acepte en mi casa solo porque me caes bien!
-No, espero que lo hagas porque quieres sexo conmigo de nuevo, al menos al comienzo. Después te enamorarás de mí y mi pasado ya no importará, ni el tuyo tampoco, solo nuestro futuro, juntos- mirada convencida, apasionada, entonación nada cursi, sincera, fuerte, casi impositiva, casi casi la sentencia del destino.
Aturdido, me paré y fui a lavarme los dientes, se me había hecho tarde otra vez. Esa noche, cuando ella llegó, lo hizo con una maleta, no pregunté, solo la ayude a desempacar para que termine más rápido, esperando realmente por tenerla en la cama conmigo. Esa noche, como la anterior, solo dormimos, para mi desconsiderada frustración.
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Segunda entrega de no se cuantas. La huachafa y definitivamente momentánea decoración del blog(quién es el responsable?) no le va tan mal. Muchachos, afilen sus plumas(es un antiguo decir) y empiecen a escribir, antes de terminar febrero quiero ver cumplida la cruzada "un post por conglomista", y también va para ti, cronopio.
domingo, 3 de febrero de 2008
Mi relación con Paula - Primera Parte
viernes, 11 de enero de 2008
Anécdota de Micro
-Papá, ¡ahí está tu micro!
-Sí, hijita, dame la bolsa –dijo el anciano antes de extender un tembloroso brazo hacia su hija.
-Toma, toma. ¡Sube! No, papá, esta es mía.
-¡Sube, sube, sube!
-Ah, disculpa, me llamas cualquier cosa. Gracias, hijo –añadió el anciano volteándose hacía el cobrador del micro.
-Suba, abuelo, ¡a ver, asiento reservado para el abuelo!
-...Tamadre, siempre tiene que subir un viejito de mierda a robarle el asiento a uno, creen que el micro es un puto geriátrico...Siéntese acá, señor.
-Gracias, joven. ¿Le sostengo la bolsa? –nuevamente hizo aquel gesto con el tembloroso brazo extendido todo lo que la artritis le permitía sin sentir dolor. Tras una corta vacilación, Ricardo asintió y sin decir nada más allá de un imperceptible “ujum” colocó la bolsa en el regazo del anciano.
El micro viajaba raudo, cuasi asesino, estaba en carrera con otro de la misma ruta ...mejor... Cuanto más pronto llegara Ricardo a su casa mejor. No le gustaba viajar en micro, había visto como chocaban y atropellaban gente en las noticias y en sus pocos viajes no había estado lejos de algún fatal accidente. Aun así, no podía tomar el auto de su padre cada vez que tenía que comprarse ropa o ir a comprar un regalo al centro comercial de su preferencia. El problema es que el centro comercial de su preferencia no está precisamente cerca de su casa.
-¡Sube, sube! –gritó el cobrador en el oído de Ricardo, sacándolo de su ensimismamiento justo a tiempo para agarrarse bien de la barandilla y no caerse por la desconsiderada frenada que el piloto hizo.
-...Qué mierda? Está en carrera y frena por un solo huevón?... –una joven agraciada subió con una mueca de felicidad en el rostro, mientras el cobrador le miraba el culo, impotente, con ganas de hacerle de todo...
Ricardo la reconoció. De la universidad, ¿alguna clase con ella? No. De las figuretis, alguna vez hemos chupado juntos, buen cuerpo... La chica sintió, incómoda, ambas miradas, y con el mismo desprecio por ambas se fue al fondo del bus, detrás de una señora, refugio seguro.
El viejo miraba la ventana con aire perdido, aferrado a sus bolsas y a la de Ricardo. Este ultimo pensaba que ya estaba cerca de su casa y en lo puta que era la chica esa ...Juliana, Marcela, Gabriela, Chabela, Pepita, no me acuerdo su puto nombre... La chica esa se acercaba a la puerta para poder decir “bajo” y que le presten alguna atención mientras pensaba en que ese chico parado le parecía conocido. El cobrador cerraba la puerta bruscamente y sacaba un brazo por la ventana colocando su axila a centímetros de la cara de algún desdichado cuya historia no nos interesa. El piloto desviaba su vista del camino para mirar por el espejo retrovisor a esa chica que había puesto a babear a su cobrador y por la cual casi choca antes, y por la cual choca ahora.
Choque frontal. Ricardo se reincorporaba lentamente, no hubo ningún “sube, sube” que le advirtiera antes del impacto. Se había golpeado la cabeza con la caja del motor (esa donde algunos se sientan, asumiendo que su trasero se achicharrará) ...¿sangre? no. Bien carajo... Unos bajaban, muy rápido, otros miraban por encima de él, y algunos de estos gritaban “¿estás bien?”. Cuando volteó vio a la chica ensangrentada con la cabeza contra el parabrisas, ambos a medio romper. No pensó nada, porque cuando ves a un muerto no piensas nada, solo sientes, y esa condena es terrible. Bajó lo más rápido que pudo. Ya en medio de la pista ...otro auto, un taxi, algo... podía escuchar los gritos indignados de la gente, de los pilotos y los cobradores y vio de reojo a un policía que escuchaba todo tranquilamente, esperando que lleguen pronto los bomberos y sus refuerzos, porque ya casi ha acabado su turno y no quiere hacer todo el papeleo. Se alejó más, una cuadra, dos cuadras, pudo volver a pensar y lo recordó: el viejo se llevó mi merca, la puta que lo parió.
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Nota: lamento publicar algo que creo aun no esta en su versión final, pero ya que mi blog esta inactivo hace mucho y además se ve feo y me da flojera actualizarlo, lo hice. Así que únanse a la cruzada "un escrito por conglomista" y sean felices.
jueves, 20 de diciembre de 2007
Entre lo real y lo onírico
Echado debajo de su cama, como siempre, divagando entre lo real y lo onírico, encontrábase esperando la llegada de aquel demonio extraño que era su padre. ¿llegaría tarde o temprano? ¿llegaría tomado, “con unas copitas de más”, como decía siempre, o tal vez sobrio y amargo, para quejarse de las cosas que no se han hecho y golpear a su esposa con el puño cerrado, solo para después reclamarle que porqué lo deja echarse debajo de la cama si sabe que le disgusta tanto, puta madre? Pero a su madre le gusta verlo debajo de la cama, divagando entre lo real y lo onírico, pues así no tiene que perseguirlo por la casa, no corre el riesgo de que rompa algo y además no hace travesuras como los otros jodidos niños. ¿La ropa sucia? Un pequeño precio que se paga con un par de escobillazos a los trapos que se pone el niño y un par de moretones en el cuerpo, total, ya se acostumbro a ambas cosas y le parecía un negocio redondo.
Escucha aquel sonido en la puerta que lo devuelve a la realidad, dejando de lado sus maravillosas aventuras, que si las pasara al papel sería la más grande de las obras jamás escrita, tanto en extensión como en calidad. Es el manojo de llaves, con su tintineo siseante, aquella señal para salir de debajo de la cama, colocarse el polo limpio sobre el sucio y aguardar sentado junto a su madre que el demonio esté de buen humor, que no note que su niño tiene polvo en el pelo y la nariz ni tampoco que su esposa tiene oculto en su espalda un cuchillo.